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6 ago 2012

"M" (1931): "¿Has visto a ese hombre, al que silba?"

Por Gonzalo Gala
España

Con la película "M" (1931), Fritz Lang se acercó a un hecho real, la historia de un asesino de niños que aterrorizó a Alemania. Peter Kurten fue un criminal que inspiró al personaje encarnado por Peter Lorre (Hans Becker), quien estuvo acompañado por otros actores secundarios como Otto Brenicke, interpretando al inspector Lomas.

"El asesino está entre nosotros" era el título original del filme, aunque es más conocido por "M" (de "Mördred", asesino en alemán) por la letra que le pusieron en la espalda a su personaje, para que fuese identificado inmediatamente.

29 ago 2011

"M" (1931): La arqueología de la estratificación social

Por Gonzalo de Miceu
Argentina

En "M" (1931), a grandes rasgos se puede diferenciar cuatro grupos sociales bien delimitados. Los defensores y aplicadores de la ley en sus intentos de resolver un caso; los del hampa -desposeídos y ladrones- que buscan llevar a juicio clandestino un homicida que atenta contra la ética del ladrón y enturbia el funcionamiento de la mafia; y los niños y madres víctimas del psicópata. Lo siguiente es tratar de definir como se superponen y comunican estas capas sociales.

En un principio, es un anormal -agente individual- el que perturba todo el orden social. Como anormal debe ser eliminado o normalizado según la óptica del grupo social al cual se refiera. El anormal ataca directamente la base estructural de una sociedad, los niños. La profanación contra los infantes dispara caos y sensacionalismo mediático que obliga a las fuerzas de la ley actuar bajo presión y duplicar los mecanismos de vigilancia. Las medidas de control se vuelven intensas, panópticas, al punto del absurdo. Esta actitud desmedida de la Policía hace saltar a los cabecillas de la delincuencia, cuyos negocios se ven perjudicados y obstaculizados. Así tenemos dos sectores opuestos –la ley y los marginales- en busca de una misma solución: la desaparición de lo monstruoso. Pero no son únicamente la media y los negocios los que demandan calma y salvataje, hay toda una dimensión moral subyacente a cada movilización social. Sea la restauración del orden como el ultraje a la ética clandestina.