Por Rodrigo Torrijos
Colombia
El lugar común al que muchos acudimos para referirnos a las mujeres es un territorio dulce e inhóspito, hordas de machos rondan su periferia alegando la imposibilidad de atravesar al otro lado. Ajenos por decisión propia a la comprensión de esta naturaleza sublime, sensible y compleja nos conformamos con pensar que simplemente esta geografía no hay quien la entienda.
El director caleño Andi Baiz se ha aventurado, en su segunda película, a poner en contacto los dos hemisferios de la mente femenina. La cálida paciencia, la crueldad apasionada, la capacidad infinita de perdón y la absoluta carencia de piedad conviven en un ejercicio que constantemente pone a una mujer dentro de la otra usando una estructura narrativa igualmente arriesgada y no convencional.




