Por José Manuel Gomis Aracil
Escritor y crítico de cine
España
La sombra de Hammer Films es muy alargada. "Sleepy Hollow" (1999) es un acercamiento a un mundo que dejó de existir hace ya muchos años, a una productora que
alcanzó la cima con títulos plagados de un sugerente terror gótico amaestrado por una
fotografía, un color, un clima oscuro y unos actores irrepetibles, dirigidos por
uno de los mejores cineastas de la historia del cine: Terence Fisher. Pero en "la casa del
terror británica" no todo fueron obras maestras, con el paso de los años los productores
de la Hammer murieron engolfados en su propia endogamia. Eso es otra
historia.
"Sleepy Hollow" logró que los espectadores recordarán que este tipo de cine todavía puede lograrse, aunque el
guión de Andrew Kevin Walker no estuvo a la altura con unos planos repetitivos, unos
actores secundarios desaprovechados, una acción desarrollada al servicio de los efectos
especiales y una solución de la trama demasiado forzada. Asimismo, en esta cinta se acrecentó el vicio adquirido
por su director, Tim Burton, de reforzar la imagen con un sello demasiado recurrido por
su cine y por una tétrica forma de rodar que ya debería abandonar porque cansa... y
mucho. Parece que sólo él sabe filmar el gótico fantástico,
pero no es así; hasta las escenas de terror ya resultan de comedia. Burton
es un director sobrevalorado que lleva treinta años haciendo la misma película: un
¿homenaje? a un cine que nunca sabrá copiar.
