Uruguay
Mucho antes de que Mary Shelley revolucionara la literatura fantástica, de horror y ciencia ficción con su obra "Frankeinstein: The Modern Prometheus", allá por fines del siglo XVIII, no era para nada nuevo el cuestionamiento del hombre sobre su ilimitado delirio de poderío (sea cual fuera) dando paso a enormes interrogantes sobre el deseo de poder y su conquista avasalladora de llegar a controlar de forma merecida su propia vida, siendo el amo de todo, rechazando teorías teológicas y religiosas y exponiéndose como un ser con capacidad real y científica como ejemplificador y creador de la vida y la muerte y, en definitiva, de la existencia humana.
A pesar de ciertas desavenencias en su vida privada (la escritora perdió dos niños) y de su pasar relativamente privilegiado, sumado a su pasión por la literatura y aprovechando que el rol de la mujer en la época avanzaba hacia los círculos sociales más elitistas, impulsada por la Ilustración, en donde se replanteaba la posición de la literatura (entre otras disciplinas artísticas) buscando como objetivo presentar al público una gama variada y diferentes de propuestas sin caer en el oscurantismo, Shelley se volcó de lleno en un libro bastante particular, que ofrece la dosis de horror necesario pero va mucho mas allá, planteando interrogantes aún hoy vigentes más que nunca, cuyas respuestas varían, según la percepción de cada lector o, en este caso, de cada espectador.
Los Estudios Universal promovieron una serie de filmes de horror desde los años 20' hasta los 60', introduciendo a la audiencia un sinnúmero de "monstruos" o villanos, muchos de ellos inspirados en la literatura. Estas cintas se transformaron en un sello de fábrica para el estudio y en todo un referente del horror clásico que serviría como fuente de inspiración para muchos directores que percibieron estos filmes como un recurso inagotable de inspiración casi excluyente para sus carreras aún en ciernes. Boris Karloff, Lon Chaney y Bela Lugosi fueron sus rostros más representativos (cubiertos en maquillaje, muchas veces irreconocibles), así como también lanzó al estrellato a un gran número de actores secundarios en sólidos roles.
Los Estudios Universal promovieron una serie de filmes de horror desde los años 20' hasta los 60', introduciendo a la audiencia un sinnúmero de "monstruos" o villanos, muchos de ellos inspirados en la literatura. Estas cintas se transformaron en un sello de fábrica para el estudio y en todo un referente del horror clásico que serviría como fuente de inspiración para muchos directores que percibieron estos filmes como un recurso inagotable de inspiración casi excluyente para sus carreras aún en ciernes. Boris Karloff, Lon Chaney y Bela Lugosi fueron sus rostros más representativos (cubiertos en maquillaje, muchas veces irreconocibles), así como también lanzó al estrellato a un gran número de actores secundarios en sólidos roles.
"Drácula", dirigida por Tod Browning ("Freaks"), El jorobado de Notre Damme, La momia, El fantasma de la ópera, La criatura de la Laguna Negra, El hombre invisible y Frankenstein, entre otros antagonistas, forjaron los cimientos del cine de horror universal (junto a muchos otros personajes después) y ejemplificaron y valorizaron toda una época. Muchas de las clásicas escenas que hoy en día se pueden observar y disfrutar en un filme de horror están inspiradas, ya sea mínimamente, en estos grandes ejemplos, desde la caída espectacular de Martin Balsam siendo atacado por Anthony Perkins al pie de la escalera en "Psycho" (1960), o el caminar en la absoluta oscuridad con un pequeño halo de luz encendido en la excepcional película argentina "Habitaciones para turistas" (2004).
Quizás la característica primordial que los une es que no son para nada personas unidimensionales, por el contrario, su complejidad de caracteres, y en las historias en que están involucrados, crean sin proponerlo una figura de antihéroe muy particular en ellos. Son antagonistas, sí, pero villanos que de una forma u otra pueden llegar a expresar un atisbo de humanidad, un mínimo de sentimiento, aunque la mirada (parcial o no) que se tenga sobre ellos sobrevendrá esa duda ¿Será verdaderamente así?
"Frankenstein"
En "Frankenstein" (1931), la historia gira en torno al Dr. Henry Frankenstein, un brillante, determinado y asertivo científico que, junto a su incondicional ayudante Fritz, en la torre de su mansión, practica inusuales experimentos genéticos. Este joven hombre empírico y de ciencia cree fervientemente que puede traspasar el fino umbral de la vida y la muerte. Tiene la esperanza de crear vida por sus propias manos, destruyendo la humana a toda costa y promoviendo un nuevo ser a semejanza del hombre.
Para muchos, esta idea sin total fundamento ni apoyo científico, un absurdo, una perturbadora e insistente fantasía divagante es la fuerza propulsora de la cinta. Sus ansias de confrontarse a si mismo como hombre de ciencia y tentar el dualismo vida-muerte es su verdadera obsesión.
Su trabajo ha llegado a tal extremo que el Dr. Frankenstein está en proceso de crear un ser con semejanzas humanas. Para ello recurre a actividades ilícitas como robar cuerpos en los cementerios o desmembrar alguna parte humana de algún cadáver en la morgue local (con tan mala suerte que el cerebro utilizado es de un criminal insano). Todo vale con tal de lograr su objetivo, como él lo expresa: "Este cadáver esta descansando... esperando que le llegue una nueva vida".
Por su excéntrico estilo de vida y dado que su trabajo le insume (y consume literalmente), el Dr. Frankenstein es considerado un outcast o outsider, es decir un tipo marginal, que vive fuera de las reglas establecidas por la sociedad, se focaliza en su trabajo y rompe los cánones necesarios de normalidad. A pesar de esto, Henry mantiene una relación conflictiva con su prometida Elizabeth, una bella muchacha, y con su amigo Víctor y su viejo profesor con quienes tiene grandes diferencias sobre experimentos tan inusuales.
El filme se torna serio (delirante, pero también pensante) cuando en una de las más cruciales escenas, en medio de una atroz y desgarradora tormenta, el Dr. Frankenstein, delante de su pupilo, su prometida y su amigo, logra traspasar la barrera de lo científicamente conocido y crea o "da nacimiento" al "Monstruo". Esta escena quizás sea una de las más emblemáticas dentro del grupo de filmes del horror de la Universal.
En medio de la incesante lluvia y con un furtivo rayo de luz como cómplice, la máquina en donde verá la luz la criatura empieza a funcionar. Los presentes, maravillados y aterrados, contemplan absortos como esa mano inmóvil, carente de todo signo vital, empieza a presentar atisbos de vida. La famosa y legendaria exclamación del Dr. Frankenstein, -"está vivo, está vivo"- es una de las más significativas dentro del cine de horror de todas las épocas. El regocijo y el placer de haber logrado su cometido desafiando las leyes técnicas, científicas y morales de la época es su única recompensa.
De ahí en más, el caos se apodera de la vida de nuestros personajes y salen a la luz preguntas que antes deberían de haberse formulado. ¿Es tarde para esto?
La película toma un muy distinto cariz desde el nacimiento del "Monstruo", como se lo denomina en la cinta, y que es en definitiva "el hijo" del Dr. Frankenstein.
Filmada en 1931, en blanco y negro, "Frankenstein" es ciertamente una película atemporal. ¿Por qué? Porque más allá de la temática pseudo científica de la misma, el filme despliega un abanico interminable de preguntas, interrogantes, suposiciones y aseveraciones que irán mucho mas allá de la mera simplista interpretación y que perduran hasta nuestros días, ochenta años después. ¿Qué es la eternidad? Los seres vivos como individuos psico-bio-sociales no están preparados muchas veces para asimilar su significado ¿Por qué jugar tan deliberadamente con esto por ejemplo? ¿La sanidad mental juega un rol importante y definitorio cuando la locura también interviene en este acertijo?
Es evidente que el "Monstruo" no posee un raciocino propio. Sin embargo, en varias escenas del filme queda evidenciada su (mínima) capacidad de comprensión. Ejemplo de ello es cuando María, una risueña niña, juega con un ramo de flores que deposita flotando en un estanque. El "Monstruo" imita el accionar de la niña... pero con devastadoras consecuencias.
Por momentos, se evidencia la brutalidad con que el hijo del Dr, Frankenstein actúa, pero por otros momentos un dejo de melancolía, soledad y rechazo asoma en su pérdida y vacua mirada.
Escenas memorables abundan, avezados cinéfilos recordarán el espectacular clímax dentro de un granero con un molino de viento en vuelto en llamas. Otros mantendrán en su memoria la mirada casi amigable, a veces inocente, pérdida, a veces cruel del hijo no deseado y creado sí por el hombre. ¿Ciencia versus Religión? ¿Ciencia versus Demencia? ¿Ciencia versus Realidad?
James Whale dirige formidablemente un clásico de clásicos. Boris Karloff interpretó quizás el rol de su vida. Sin emitir ninguna palabra, Karloff demostró su capacidad histriónica dejando que sus sonidos guturales, ademanes y expresiones faciales hicieran el trabajo de un genio. Por este rol, se transformó así en uno de los íconos más grandes en la historia del cine de horror universal.
Un filme bastante peculiar (me baso como siempre en mi absoluto respeto hacia la reseña que emito). Se han escrito, filmado y dicho tantas cosas por parte de críticos especializados, y también aficionados, sobre esta cinta que espero mis ideas sean de ayuda para recordar un clásico.
Si no han tenido la oportunidad de verla, "Frankenstein" es una excelente propuesta para esta semana, a 80 años de su estreno. ¡Frankenstein está más vivo que nunca!
Título original: "Frankenstein". Título alternativo: "El doctor Frankenstein". País y año: Estados Unidos, 1931. Director: James Whale. Guión de: Garrett Fort y Francis Edward Faragoh, en base a una novela de Mary Shelley. Elenco: Colin Clive, Boris Karloff, John Boles, Mae Clarke y otros.
0 comentarios:
Publicar un comentario