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1 mar 2011

"Let Me In" (2010): Una nueva versión de la novela de Lindqvist


Por Erick F. Rivera
México

Para nadie es secreto que los remakes norteamericanos son inútiles y no aportan nada a las versiones originales, aunque en algunas ocasiones los encargados de dirigirlos son personalidades respetables dentro del género como Rob Zombie ("Halloween"). Más extraño resultó el caso de Michael Haneke que tan solo se limitó a realizar una copia al carbón de su estimable (y perturbadora) "Funny Games" desaprovechando la oportunidad de replantearse el tema con más medios. Tal vez la excepción sea la de Alexandre Aja que con sus reinterpretaciones de "The Hills Have Eyes" y "Piraña 3D" demostró que es posible superar el modelo original, aunque a Wes Craven y Joe Dante se les caiga la cara de vergüenza al reconocerlo.

El caso del remake anglosajón de "Let Me In", dirigido por Matt Reeves, resulta un caso similar al sin número de reelaboraciones de las estimables cintas de suspenso orientales en donde abundan las fantasmas greñudas, espasmódicas y vestidas de blanco, con la agraviante que existe una compleja y transgresora novela, "Låt den rätte komma in" de John Ajvide Lindqvist (Suecia, 2005), que generó a su vez un hermoso filme de culto, "Let The Right One In" de Thomas Alfredsson, que ha gozado de una gran aceptación del público amante del género del horror, de la crítica especializada y del ambiente festivalero que cada vez se vuelve más snob, pero que tiene sus momentos de lucidez para distinguir las joyas del cochambre.

Nada fácil la tenía Matt Reeves ya que su carta de presentación era sólo "Cloverfield", una cinta de bajo presupuesto con buenos resultados en taquilla, pero que pesa sobre ella la sombra de la muy en boga moda del "horror subjetivo" ("[Rec]", "The Blair Witch Project", "Paranormal Activity", entre otros filmes).

"Let Me In" se salva de la media mediocre de los remakes por varias razones que se expondrán en este artículo. Hay que aclarar que quien escribe es un amante incondicional tanto de la novela como del filme de Alfredsson debido al nivel de identificación que tuvo con ambos personajes centrales Eli (en mi etapa adulta) y Oskar (en mi niñez).

Al parecer Matt Reeves prohibió a Chlöe Moretz y Kodi Smit-Mc Phee, sus dos protagonistas, ver el filme sueco e inclusive leer la novela para "evitar influencias". Si Reeves analizó la película original, pero no leyó el libro, fue un garrafal error, tanto director como actores siempre deben conocer el alma, la esencia de la historia para asimilarla y pasarla a través del filtro de sus propias conciencias para darle una vida auténtica.

Los personajes (apunte personal) deben poseer y encarnarse en la piel tanto del director como de los actores y en este caso eso brilló por su ausencia. Por el contrario, los actores suecos si tenían pleno conocimiento de los personajes y es por ello que lucen tan naturales.

La consecuencia: ambos actores norteamericanos son caras lindas, pero carecen de la contundencia de los suecos. Si hubiera tenido el físico y el elaborado look de Owen, las niñas me hubieran adorado en la escuela y los amigos me hubieran venerado como líder, no me hubieran "buleado" tanto como al buen Oskar interpretado por un sobrio y convincente Kare Hederbrant. Por su parte, la Abby de Reeves siempre aparece muy abrigada a pesar de estar descalza, cosa que traiciona la naturaleza vampírica de Eli, que nunca siente frío, carece de la inocencia y la mirada hechizante que le dio la enigmática Lina Leandersson. 

Por cierto, se comprende el juego de contra sentido de Reeves respecto a la película de Alfredsson (y de la novela misma): si Eli es morena y Oskar rubio, Abby es rubia y Owen moreno; si en la versión sueca el factor religioso está ausente, en la versión americana juega un papel importante lo cual brinda hallazgos visuales interesantes, pero solo se queda en lo visual.

¿Era absolutamente necesario cambiar los nombres de los dos personajes principales por Abby y Owen? ¿Es que en Nuevo México no existe la posibilidad de encontrar algunas Eli (diminutivo de Elizabeth) o algunos Oscar, nombres comunes en una sociedad cada vez más globalizada? El simbolismo de ambos nombres se pierde, tanto en la ambigüedad del sexo de Eli (El) y la semejanza de Oskar con el memorable niño que no desea crecer ante la crueldad de la realidad adulta de "El tambor de hojalata".

Resiento la ausencia del legendario álbum de recortes de asesinos seriales de Oskar que es el factor determinante para su destino. En la versión de Reeves, esto está simbolizado por una máscara sado que nada tiene que ver con la inocencia del personaje.

Es un buen homenaje a Hitchcock hacer de Owen un voyeur de "La ventana indiscreta", pero eso sería más adecuado a un adolescente calenturiento que a un niño que desemboca todo su rencor en la imaginación retorcida.

Brillante secuencia, muy al estilo subjetivo de Reeves, la del robo del automóvil y el accidente en el que el "padre" de Abby fracasa definitivamente. Y magistral el empleo del cambio de foco en momentos cruciales e íntimos de Owen, así como el empleo de los primeros planos en casi toda la película para dar un sentimiento de intimidad entre los personajes (en la cinta de Alfredsson los planos abiertos y los cerrados estaban bellamente dosificados).

El filme posee una entrañable ambientación ochentera con música de Culture Club y David Bowie que hubiera encajado a la perfección si Reeves se hubiera decidido a jugar más con la ambivalencia del sexo de Eli y que Alfredsson resumió con tan solo un breve y tajante plano. En el remake nada sugiere el hecho de que "Eli no es una chica". Además, tiene un delicioso soundtrack que de inicio prometía muchísimo en cuanto a atmósferas, pero que se diluye al final en mero resorte para el susto fácil.

Fue un error no incluir la secuencia definitiva de "Oskar, siente un poco como yo... sé un poco como yo", la cual despertaba el hambre por saber que en la novela de Lindqvist existe todo un universo personal que descubrir. Tal vez la versión de Reeves hubiera sido mucho más impactante e inteligente si en ella se incluían algunos apuntes muy fuertes que la novela propone (el incesto, la pedofilia, el homosexualismo y la soledad onanista) y que en la versión sueca son sólo sugeridos, pero queda claro que el cine norteamericano aún arrastra las cadenas de la autocensura a pesar de pertenecer a una nación de primer mundo y solo en apariencia abierta.

Efectiva la secuencia climática de la piscina, sólo aquí encontré convincente la angustia de Owen que en el caso de Oskar permanece latente durante todo el metraje. El sonido en la versión de Reeves es impactante, uno de los aspectos por los que más se deja sentir el horror. Gusta el empleo de la oscuridad en toda esta secuencia, sin embargo, en la cinta de Alfredsson la luz siempre es real y directa y eso le da, a esta secuencia en particular, una atmósfera de realidad contundente.

En fin, "Let Me In" es una película comercial que sorprenderá a muchos ya que la historia original posee una enorme fuerza emotiva que versa sobre como el amor nos hace fuertes y vigoriza nuestro espíritu. 

Título Original: "Let Me In". Título Alternativo: "Déjame entrar". País y año: Estados Unidos y Reino Unido, 2010. Director: Matt Reeves. Guión de: Matt Reeves, en base a una novela de John Ajvide Lindqvist (y remake del film "Låt den rätte komma in"). Elenco: Kodi Smit-McPhee, Chloe Moretz, Richard Jenkins y otros.

2 comentarios:

Arriba los Hierros!!! dijo...

La version sueca me pareció de lo mejor que he visto en años. La adaptacion estadounidense la verdad me da ganas de llorar: de rabia e impotencia por haber hecho pedazos una pelicula que ya era excelente y que además podría haber funcionado maravillosamente bien en el pacato ambiente estadounidense

ayoo93 dijo...

vamos que este remake era solo un pretexto de matt reves para colgarse del exito de crepusculo (que tambien pienso que es otra basura por supuesto)

y de verdad me da rabia que por alli hay foros donde dicen que esta es tan buena como la original ¿que demonios tienen en la cabeza?