Por José Manuel Gomis Aracil
Escritor y crítico de cine
España
En todos los géneros cinematográficos existen títulos que adquieren especial significación, que suponen un punto y aparte, que resitúan o modifican unos códigos y unas pautas que hasta el momento parecían inamovibles. Franklin J. Schaffner es el responsable de uno de esos títulos, "Planet of the Apes" (1968), obra imprescindible del cine del cine en general.
Desde la noche de los tiempos, el hombre siempre ha creído ser la joya de la Creación. No fue hasta Darwin y Lamarck, con sus extensas conclusiones sobre la Evolución, que los seres humanos se han dado cuenta de que la "casual" evolución de nuestra especie había sido fruto de un lapso de tiempo considerable y una adaptación de nuestro físico a las caprichosas pautas naturales a las que estábamos expuestos, "eslabones perdidos" aparte.
"Planet of the Apes" es una regresión de los acontecimientos. Una vuelta de tuerca bien orquestada, con una conclusión escalofriante.
La novela de Pierre Boullé cuenta cómo una pareja de turistas estelares encuentran un mensaje espacial en el que se relata el viaje de Ulysse Méroe y sus compañeros a la estrella Alfa Centaury, donde descubren un planeta con las mismas características físicas que la Tierra. Allí, el capricho de la evolución se ha completado de manera diferente a la del nuestro y son los simios los que han desarrollado inteligencia. Los humanos son tratados como bestias y usados como animales de laboratorio en un claro alegato "pro derecho animal", teniendo a los humanos como referencia.
Para la película se reescribió la historia aportando de la novela original poco más que el título: Tres astronautas que forman parte de la tripulación de una nave espacial en la que hibernan de un largo viaje desde La Tierra se estrellan en un planeta fuera de su ruta en el que, a primera vista, no hay vida inteligente. Pronto se darán cuenta de que el planeta está gobernado por unos seres de aspecto simiesco intelectualmente muy desarrollados que mantienen esclavizados a unos seres humanos que carecen de la facultad de hablar.
Los simios viven dentro de un régimen totalitario guiados por una especie de profeta que impone unas severas leyes que obligan a no ir más allá de “la zona prohibida”, donde un secreto milenario se esconde para toda la raza inteligente que gobierna el planeta: los simios...
El guión de la película corrió a cargo de Rod Serling, guionista de "Twilight Zone", una de las series de ciencia ficción con más audiencia de Estados Unidos. El afamado guionista creó un primer tratamiento de la novela al que llamó "Monkey World", pero fue rechazado debido al elevado coste.
En ese momento, los rumores sobre una película con monos que hablaban llegaron a Blake Edwards que terminaba de rodar "The Pink Panther" (1963) con un gran éxito de público. El director se interesó en el proyecto y decidió producir y dirigir el filme. Finalmente, Edwards no pudo enfrentarse en solitario a los diez millones de dólares que exigía la producción y pidió ayuda a la United Artist, que le respondió: "¿Una película con monos que hablan y cohetes espaciales? ¡Está usted loco!".
Todo cambió cuando entró en escena Arthur P. Jacobs, un productor de la Fox, que estaba empeñado en rodar una nueva versión de King Kong pero los magnates de la Fox hacían oídos sordos por el alto coste de la cinta y el escaso interés que despertaba el gran gorila. La suerte llamó a su puerta a finales de 1963 cuando un agente literario de París le vendió los derechos de la novela de Boullé por 360.000 dólares. Jacobs viajó a Inglaterra para presentar su proyecto a la Rank, y a España donde se lo ofreció a Samuel Bronston. Ambos lo rechazaron por el alto coste que suponía contar una historia futurista con naves espaciales y grandes decorados.
Poco después, los asesores de Jacobs contactaron con Serling y le encargaron un nuevo borrador de la historia, sellando la colaboración con el productor a cambio de reducir los costes eliminando del argumento todo lo que encareciera la película. En un alarde de ingenio, Serling modificó la trama cambiando el desarrollo de la historia, situando los hechos en un enclave prehistórico en vez de futurista.
Cuando estuvo listo el guión definitivo se cruzaron en el proyecto Franklin J. Schaffner y Charlton Heston, como protagonista absoluto, que le dieron el espaldarazo definitivo haciendo que la Fox produjera la cinta.
El polémico e ingenioso final lo firmó Serling, pero siempre se dijo que fue Blake Edwards, en su primera lectura, quien elaboró la fatalista conclusión de la película.
El guión estaba cerrado pero Jacobs no estaba del todo conforme, así que decidió contratar a otro escritor para darle un tono más cínico y menos terrorífico que el que le había dado Serling y contrató a Michael Wilson que le dio más ritmo y restó el componente pesimista impuesto por Serling. Al final, el nombre de ambos figuró en los créditos.
Para el maquillaje se probaron diversos sistemas, pero ninguno funcionó como estaba previsto, hasta la llegada de John Chambers, que aplicó su técnica con látex dando el resultado definitivo.
Las primeras pruebas se llevaron a cabo con Edward G. Robinson haciendo el papel de Doctor Zaius, Linda Harrison de Zira y James Brolin de Cornelius.
Robinson abandonó el proyecto poco después aduciendo que padecía del corazón y las sesiones de maquillaje eran interminables. En su lugar contrataron al británico Maurice Evans. El papel de Cornelius finalmente fue interpretado por el socorrido Roddy Macdowall y el de Zira por Kim Hunter. Hay que agregar que Cornelius fue ofrecido a Rock Hudson, que se negó a ocultar su bello rostro bajo el maquillaje. El reparto lo completó James Withmore.
Todo se llevó hasta la perfección: vestuario tosco y primitivo, decorados con chabolas creando una civilización arborícola, tres tipos de simios: orangutanes (políticos), de color naranja, chimpancés (ciudadanos), de verde, y gorilas, de riguroso negro militar.
La arquitectura y los decorados, de William Creber y Jack Martin Smith, estuvieron inspirados en la obra del arquitecto español Gaudí y en el valle de Coreme, en Turquía. Todo debía parecer extraño y familiar a la vez.
Para la banda sonora se escogió el score de Jerry Goldsmith, un compendio de sonidos extraños y acordes de percusión muy originales que le dieron un ambiente de misterio y ciencia-ficción definitivos.
La fotografía de Leon Shamroy contribuyó al éxito con una agobiante combinación de realismo y fatalidad rodando los exteriores en Utah y en los ranchos de la Fox.
Convertida en película de culto, "Planet of the Apes" (1968) es, junto a "2001: A Space Odyssey" (1968), el título emblemático de la ciencia ficción por excelencia. Probablemente no conserve ya la capacidad de sorpresa que tuvo entonces, pero continúa siendo una obra maestra perfecta, un ejemplo de inventiva cinematográfica, narrativa y originalidad.
En definitiva, "Planet of the Apes" es una película asombrosa, con momentos plásticamente muy logrados, una realización fascinante y una atmósfera irrepetible. Un clásico imprescindible.
Título original: "Planet of the Apes". Título alternativo: "El planeta de los simios". País y año: Estados Unidos, 1968. Director: Franklin J. Schaffner. Guión de: Michael Wilson y Rod Serling, en base a una novela de Pierre Boulle. Elenco: Charlton Heston, Roddy McDowall, Kim Hunter, Maurice Evans y otros.
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